Hacerse hombre en la era postmoderna consiste en una serie de ritos comparables con las costumbres de los imperios precolombinos. El niño postmoderno debe soportar pruebas incontables y difíciles, que si son reprobadas o pasadas por alto lo exponen al riesgo de convertirse en un discriminado social.
Para empezar, el niño se enfrenta desde pequeño a un torrente comunicativo y mediático que no sólo amenaza con llenar su cabeza de información, excediendo su capacidad de criticar y analizar, sino que llega a límites tan incomprensibles que seguramente pondrá en peligro su vida privada, e incluso interferirá en su forma de pensar (verde todavía) y trastocará tanto valores como creencias. Y cada vez será peor; los diferentes contenidos intrusos se mezclarán en la pobre mente del chico, y competirán por someterlo a un interés exclusivo en ellos.
Si el joven sale mentalmente sano o siquiera vivo de esta primera prueba, ahí va a estar la segunda esperándolo. Una vidriera omnipresente que compara la miserable vida del preadolescente ahí parado, con la de un jovencito feliz, talentoso y copado que le debe su éxito al Plan Niño de CTI, que cada vez busca un target de menor edad (y que por cierto no parará hasta que los recién nacidos informen a su madre que tienen hambre mediante mensajes de texto).
En ese momento el jovencito se verá picado por el bichito de la codicia, y dependiendo del nivel de mala crianza, implorará, solicitará o exigirá a sus padres que lo provean de ese nuevo producto. El iluso padre tal vez se vea conmovido por la ansiedad casi patológica con la que su nene comenta su simpatía por ese novedoso juguete, y si cede, será un homicidio a su billetera.
Es que esta prueba es la que inicia al infante en establecer una posición específica en la sociedad. De la variopinta lista de ondas que alberga la Argentina, el pequeño deberá elegir esta vez entre dos grupos: los Inadaptados Sociales (deplorables seres que descreen del valor moral de tener un Motorola Itunes) y la antigua pero jamás perdida comunidad de la “Gente Como Uno” o mejor dicho, “Nosotros los…”.
La compra de ese sólo producto desencadenará muchas más súplicas por múltiples juguetes nuevos, creando una tendencia casi adictiva a comprar, ¡comprar!, ¡COMPRAR!
Poco importa para nosotros, lectores, como para el resto de la sociedad, el destino de los inadaptados, pero según una publicidad de Roll77 que vi el otro día, les depara una vida gris y llana, desprovista de sobresaltos y aventuras, en contraste de los que en un arrebato de ingenio y valentía… cedieron al consumismo.
Así que seguiremos con la vida del ya adolescente consumista, que superada esta segunda etapa se enfrenta a dos nuevas pruebas simultáneas. Una, trata de la creciente atracción por el sexo opuesto, combinada con la también creciente preocupación por un cuerpo cuyas hormonas bullen y cuyos cambios son constantes. En el caso de las mujeres, las súplicas por “juguetes” se reemplazan por ruegos y solicitudes de ropa y productos de belleza. ¡Preparado el bolsillo del padre!, porque constantemente salen nuevos productos que atrapan la voluntad y ambición de su hija, y se renovarán los dolores de cabeza por la misma pero recargada ambición de la chica por “encajar”. Los chicos también enfrentarán esa preocupación.
El contradictorio hecho de que los jóvenes postmodernos nacieron para sentarse en una PC y adquirir de allí todo el esparcimiento diario necesario, agrava el tema corporal, lo cual conduce al resultado hoy visible: miles de gordos adolescentes con los dedos índice y mayor de la mano derecha hiperdesarrollados, listos para agarrar el mouse.
Entonces es cuando el chico empieza a sentir que las cargadas por su panza incipiente y su papada se traducen en indiferencia por parte de las chicas. Los pocos que en su desesperación por ser aceptados encuentran los ánimos suficientes, llegan a hacer dietas e ir al gimnasio, donde si no desarrolla el cuerpo que quiere, por lo menos alivia su cargo de conciencia, sabiendo que “algo está haciendo”. También puede someterse a cirugías o incluso caer en la bulimia, pero ¿qué mas da?, todo sea por “formar parte”.
Y no obstante de necesitar esa integración, el ideal del muchacho también está dominado por una idea de libertad, muy relacionada con la de la independencia de los grupos. Esto se empieza a manifestar en la familia. El chico comienza a escapar del entorno familiar, para vincularse con personas a las que considera sus amigos, aunque se trate después de todo, de una manera de no experimentar soledad, y esos “amigos” sean la excusa perfecta para justificar el “hago la mía”.
Pero el entrar en el sistema domina, y el chico mejora la imagen que no logró estilizar en el gimnasio, con accesorios: viseras, gorritos de lana, pullóveres, zapatillas (Converse All Star, obvio), camperas y miles de prendas mas que convierten al chico en un cartel publicitario viviente. Si miramos abajo: KSK, Converse, Dufour, y las nuevas ubicaciones de letreros publicitarios que desplazaron el pantalón un tanto más abajo para que se luzca bien cuando uno se agache, el copado diseño del logo de los clásicos John L. Cook. Subimos la mirada y logramos captar algún que otro Levi´s, un obligado Billabong, a veces Narrow, y las novedosas A+. Las chicas van más allá, y en una combinación digna de cualquier consumidor de cannabis, amontonan sobre sus cuerpos de una manera misteriosa una inmensa cantidad de prendas, que obviamente son Muaa, John Foos, Converse también, 47 Street, Husky, KSK, Soho, Caro Cuore, Silvana, Saona, Sigry, Octanos, Kickers, Ticket, Viamo y una interminable lista de marcas que, por su puesto, deben ser exhibidas, junto con el nuevo Nokia 6090, que tiene 0% de señal pero 100% de onda, para completar este “ploteado” antiguamente llamado vestimenta.
Con todo este embrollo que significa el “sentirse adentro”, el adolescente olvida que enfrente suyo hay un profesor que observa con el entrecejo fruncido la animada charla que él tiene con la chica-cartel que se sienta con él, posiblemente atraída porque el peinado del chico la hace acordar a Coqui, de Casados con Hijos. Y justo después de que la chica dijera en tonos agudísimos y con voz propia de un enfermo de sinusitis: “Me re pegó tu onda, ¡moooy hippie chick!”, el jactancioso adolescente recuerda que estaba en plena evaluación trimestral.
Mientras su mamá se convierte en un surtidor de evocaciones a ella misma y al resto de la familia del chico por los cinco aplazos que el desgraciado trajo en el boletín, él le explica pacientemente que las incontables vicisitudes que lo aquejan, y las preocupaciones que su vida cotidiana le depara, lo dejan sin tiempo para ocupaciones tan banales y cercanos a ser una mera formalidad como la escuela.
“Pero mamá, si sabés que no voy a ser ejecutivo. Después hago un curso rápido, me recibo de técnico en diseño y fue. Total, porque yo estudie no va a haber un mundo mejor.” Así el adolescente se desembaraza de responsabilidades que lo estorban en su lucha por encajar, y por formar una identidad.
Y justamente en esto consiste la prueba siguiente: ¿Quién soy?; ¿Qué papel cumplo en el sistema?
Por suerte, o por desgracia, la vida postmoderna le ofrece un amplio abanico de posibilidades: punkers, alternativos, chetos, cassuals, pungas, darks, indecisos, skaters, surfers, intelectuales, deportistas, bohemios y hasta devotos de Rodrigo.
Estos grupos definen diferentes usos, costumbres, ideologías y marcas de ropa que deben respetar los adolescentes para pertenecer. Y son muy importantes para el joven promedio, que se ríe de los que se rompen la cabeza buscándose a sí mismos con terapias, y se acomoda en una reconfortante y segura personalidad que compró hecha. Como es natural, los gurúes que se metieron en ese grupo sin darse cuenta, avivados por el hecho de que nacieron para pertenecer allí, son los modelos a seguir.
Llega el final de la vida del adolescente, y una nueva y definitoria prueba se revela frente al ya joven adulto: la realidad. Lógicamente, el hombre ya se acostumbró a pertenecer a un sistema en el que no eran necesarios la responsabilidad, el carácter y la verdad; y la ducha fría de la realidad lo asusta tanto que se aferra desesperadamente a los restos de su adolescencia ya agonizante. El tipo, forjado con el consumismo, la rebeldía, el libertinaje y la comodidad, enfrenta que esa sociedad en la que tenía que encajar, se transformó en el mundo, en el que tiene que sobrevivir.
Tras intentos ansiosos por permanecer clasificado como joven (léase adquirir novia ocho años menor, usar la ropa que usaba a los quince, y discutir con un guarda de Elsieland para que lo deje entrar en la matinee), se resigna a entender que las pruebas para ser hombre no se basaban en la superación y evolución, sino en la asimilación de conductas; y que tampoco puede protestar por no haber sido preparado para el mundo, porque no hay justicia que lo ampare; y que el inadaptado social del que él ser reía antes ahora es su jefe; y que el “afuera” no lo recibió con un BIENVENIDO.
No obstante todavía cabe la posibilidad de que la extraña y mutable sociedad lo incorpore como exponente juvenil, como eso que todos quieren ser y no pueden; y en vez de despreciar su inutilidad para ejercer la adultez, vanaglorien su capacidad para conservar las conductas de un joven. Después de todo, los medios y la gente necesitan creer que se puede vivir en eterna adolescencia casi tanto como creer en Dios, ¡todo es posible en el mundo postmoderno! El tema es que este flaco también se lo cree. Afortunado él.
M e parece muy buena interpretaciòn del rito de la època postmoderna. Yo harè un rito de iniciaciòn a la adultez a mi hija de 18 años y a un sobrino de igual edad. Utilizarè conceptos modernos y postmodernos aqui expuestos.Gracias
Julio
donde vamos a terminar? no se... pero yo prefiero quedarme, ir contracorriente, usar lo que nadie usa, no desesperar por un gym y una ensalada... la ropa de marca es la misma q la de feria, lo que varia es la eticquea... por q pagamos tanto entonces? porq nos hace sentir diferente el cartelito rojo con letras blancas o las tres letras de ksk... porq? cual es la diferencia?
si vamos a la moda vamos tambien a nuestra quiebra personal, social y sobretodo a la falta de personalidad...
si amigo, lo lei todito...
nunk tan bien puesto el Titulo.Y coincido en muchas o en todas de tus posturas... solo q a veces no sabemos como y de que manera actuar frente a todo esto... si ser el inadaptado o ceder al consumismo q termina "siendo parte" ...
pero esta bueno poder verlo,,, pensa q hay gente q no ve esto,,, y esto avanza dentro de su cabeza cual correcaminos, jeje...
sos un chico q piensa y de veritas eso es bueno,,, o al menos eso pienso,,,yo.
este es un tema para laaarga charla en serio,
PD: alguien me dijo alguna vez: EASY COME, EASY GO,,, Y DSP de mucho tiempo de luchar con y contra mi ideales q no encajan en este escenario,,, renegando del guion,,, Y renegando de ser mas inadaptada q la otra definicion... me keda algo de confianza... NO se si va a cambiar,,, pero por lo menos algun dia , me ire sabiendo que todo loq hice o trate ak JAMAS TRAICIONO MI IDEALES...
y me asombro, en serio... no se si es el mejor momento para escribir bien, jejeje... pero posta q me saco el sombrero...
UN BESO!
NIK!
Das pena, MI ENSALLO es igual a TU ENSALLO, sera que seremos hermanos! espero que el profesor de filosofía me crea! ay dios que hago que hago?!, para pasar estar angustia voy a comprarme una remera de 47, chau!
me intereso este informe, i me gustaria qe publiqen mas sobre ritos de iniciacion a lla adultes ya qe en el colego estamos asiendo un informe sobre en tema
woolaas esto esta chido igual que tup
asta luego vey i siempre sonrrie